¿Cuándo maldigo, estoy usando Magia negra?

Siempre nos han dicho que las palabras tienen poder. Y es verdad. Un poder que puede ser negativo o positivo y que puede expresarse de diversas maneras. La acción que las palabras tienen sobre nuestra vida es tan poderosa que se ha tipificado en bendiciones y maldiciones. Son pocos los hechizos y conjuros que no utilizan el lenguaje hablado, pues precisamente las palabras son en gran parte las responsables de la efectividad de la magia.

Una maldición puede ser más o menos poderosa. Pero siempre está enviando un porcentaje de energía negativa sobre la situación  o la persona que invoca. Si asumimos que la magia negra es la fuerza a través de la cual deseamos y actuamos para producir el mal en otra persona, podríamos decir que sí, que una maldición es un tipo de magia negra.

En la vida corriente, las personas lanzan maldiciones sin ser conscientes, a los objetos, a las situaciones, a los sentimientos, la maldición actúa para perpetuar ese mal. No lo soluciona sino que lo nombra dándole un lugar en nuestra vida. En este nivel, se trata solo de una mala canalización de la energía.

Por el contrario, cuando la maldición tiene como objetivo dañar a alguien y es dicha por un brujo(a), adquiere muchísimo más poder. Un brujo puede solicitar la presencia de algún espíritu ya maldito para maldecir a su víctima. Una maldición puede potenciarse a través de la utilización de la sangre de algún animal ya maldecido. Para que una maldición de resultado debe proferirse con mucha violencia e ira, con un deseo de mal exacerbado y concentrado en el blanco a dañar.

Se sabe que las maldiciones son más efectivas cuando son hechas en presencia de la persona, por eso muchos brujos las hacen cuando su víctima da la espalda o las profieren en voz baja.

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